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martes, 1 de mayo de 2012

PARÁBOLA DEL HOMBRE SERVICIAL


Había una vez un buen hombre, que vivía en el campo y tenía muchos problemas de salud; se sentía muy débil y casi no podía caminar. Un día se le apareció Jesús y le dijo:
- Necesito que vayas  a la montaña y cada día me traigas un atado de leña. Esto debes hacerlo durante un año todos los días.
El hombre se quedó perplejo, no sabía como iba a cumplir la voluntad del Señor, pero le prometió hacer todo lo posible de su parte. Los primeros días, debía ir acompañado de algún familiar para poder caminar
y traer el atado, pero según pasaban los días y semanas iba sintiéndose mejor de salud y podía caminar mejor. Sin embargo, el diablo se le apareció y le dijo:
- ¿Por qué obedeces a Jesús? Él te hace trabajar sin sentido, pues en este pueblo todos tienen luz eléctrica y ninguno necesita leña para cocinar. ¿Para qué acumulas algo que no sirve para nada? Pero aquel buen hombre desechó la tentación y siguió obedeciendo a Jesús hasta el final.
 Y Jesús se le apareció de nuevo y le agradeció su obediencia y le dijo: Mira, tu problema de salud ha desaparecido, porque lo que necesitabas para sanar era aire puro y ejercicio físico. Al obedecer, has obtenido la salud. Además, dentro de tres días habrá problemas y no tendrán luz eléctrica en el pueblo y, entonces, toda la leña acumulada durante un año vendrá muy bien para calentarse y cocinar. Comparte tu tesoro con los demás y haz felices así a todos los que te pidan ayuda. Al obedecer has conseguido servir a los demás. Sé siempre un hombre bueno y servicial.

 Pues bien, muchas veces en la vida no entendemos las dificultades que se nos presentan. A veces, queremos rebelarnos contra Dios, como si fuera el culpable de nuestras desgracias, y el diablo nos pone pensamientos de desaliento y de alejamiento de Dios. Pero no te olvides que Dios “todo lo permite por nuestro bien” (Rom 8,28). Y que Él conoce el futuro mejor que tú. Pon tu futuro en sus manos y déjate llevar por Él, aceptando en todo momento su voluntad. Haz el bien sin mirar a quien.

Cada uno de nosotros es como un pastel 
de distintos colores.
 
Hay quien tiene el color alegre de la simpatía.
Hay quien tiene el color brillante 
de la inteligencia
o quien tiene el coraje de la generosidad.
Podemos vivir solos, pero nuestros días 
serían tristes, 
a un solo color, quizás de negro.
Ponerse en contacto con los otros 
es pintar nuestro mundo con miles de colores.
A ti te toca, si escoges vivir solo o con otros.
Te recomiendo que vivas en unión
con los demás para que el diario de tu vida
esté coloreado de millones de colores.
Vive de colores, vive para los demás. 
Sirve a los demás y di de todo corazón:
Hoy sembraré una palabra buena 
para que haya más paz.
Hoy sembraré un gesto de amistad 
para que haya más amor.
Hoy sembraré una oración 
para que alguien esté más cerca de Dios.
Hoy sembraré un gesto de delicadeza 
para que haya más bondad.
Hoy sembraré sinceridad 
para que haya más verdad.
Hoy sembraré una sonrisa 
para que haya más felicidad.
Tomado de: Más allá del sufrimiento (P. ÁNGEL PEÑA O.A.R. )

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